Empezaste clases de karate este enero. No voy a decir dónde porque esto sigue siendo internet, pero eso no es importante.
La primera clase lloraste muchísimo, te asustó el ruido, te asustó no conocer y una serie de simplonadas que todavía no entiendo bien. Cuando te pregunté sólo dijiste que "gritaban muy fuerte". Tu maestra fue paciente y dijo que toda la primera semana podías ir y sentarte a ver nada más.
Lo curioso es que con todo y que salías rojo de las primera clases, cuando te preguntaba sólo decías que "te había gustado medio", algunas cosas sí y algunas cosas no. Me fastidió todo el asunto y decidí que no iba a sacarte por miedo, que si luego de que ya no te asustara igual querías cambiarte a fútbol (que eran tus dos opciones antes de empezar) pues estaba bien, pero no iba a ser por miedo.
Luego de algunas clases, te comenté mi decisión y sólo hasta bastante después me di cuenta con mucho gusto de que, en realidad, nunca pediste que te dejara de llevar.
Hoy se cumplen cinco meses desde que empezaste, hace rato que vas con mucho gusto, das las mejores patadas que puede dar un niño cachetón de seis años (cuando este niño cachetón apenas lleva cinco meses de clases, claro).
Hoy te senté conmigo, te dije que era obvio que ya no tenías miedo y que si ahora querías intentar empezar con futbol, por mí estaría bien.
Hoy, también, decidiste que estabas bien ahí y que querías quedarte.